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El fuego purificador

El fuego bueno y el fuego malo

Cassandra coloca algunas piezas juntas en su cabeza. Parece que todo lo que estamos viendo está relacionado con el antiguo Ebon Eaves y las luces. Pero lo que está pasando en el pueblo ahora no está relacionado, lo que quizá signifique que haya dos causas de los sucesos. Además, parece que no tenemos datos suficientes como para saber qué es lo que hay en el pueblo antiguo, sería mejor contar con la versión de los indios. No sabemos si ponerle dinamita sería bueno o contraproducente, porque quizá podría liberarse.

El hermano Michaels cuenta sus intenciones de prepararse para ir a hacer un exorcismo a la iglesia del antiguo Ebon Eaves.

El grupo se va a casa del doctor con el fin de reconstituirse. Tras barajar diversas posibilidades del poco futuro que tiene Andrea, llega el niño que Cassandra pagó para encontrar al indio que vive en el pantano. Por unas monedas (bueno, por 1 de Wealth), el niño se ofrece a llevar al grupo a donde vive, porque el hombre no quiere entrar en el pueblo. Cassandra compra algunas baratijas para ganarse la amistad del indio, si conseguimos bajarlo de los árboles y darle un idioma.

El grupo coge dos lanchas y el niño guía. Se llama Bill. Lleva un capote para la lluvia y un farol. El sitio no es lejano, pero sí recóndito. La cabaña es una construcción desvencijada y claramente artesanal. Sentado en el porche un hombre fuma. Va vestido con ropa desparejada y vieja, pero intenta ir arreglado. Bill dice que se llama Sach.

El indio saluda con corrección y educadamente. Cassandra le explica con habilidad, aunque con cierta censura del hermano Michaels, que vienen a escuchar, que creemos que lo que está ocurriendo tiene que ver con una antigua injusticia. Sach hace pasar a los investigadores a su casa, un lugar humilde.

El sitio es un lugar especial, dice. Se llamaba “los cuatro vientos” porque era donde se encontraban los espíritus de los cuatro puntos cardinales. Una leyenda de su gente dice que uno de los hombres-medicina consiguió atar a un espíritu muy poderoso para que no pudiera salir de ahí, porque atormentaba a las tribus de la zona. Ese espíritu era tan poderoso que no consiguió acabar con él, sino sólo atarlo. Desde entonces, se llevaba a los locos ahí, porque algunos volvían iluminados.

Ese espíritu de destrucción, “La sombra que aulla”, quitaba algo a las personas y lo sustituía por algo suyo, algo asesino. Los niños mataban a sus padres, etc… A los locos se los llevaba porque, siendo tan poderoso el otro espíritu, a veces ahuyentaba a los que poseían a los locos.

Sach cuenta que antes era criado del antiguo sheriff, que terminó asesinado hace quince años por personas o cosas desconocidas. Alguien intentó echarle la culpa al mismo Sach.

Quizá en la reserva cercana, “Big Cipress”, quede algún hombre medicina todavía, aunque Sach cree que si el gran chamán no logró acabar con él, uno de los actuales tampoco podría. Quizá atarlo a un totem poderoso…

El indio les ofrece café. Hay una charla variada: Sach conoció a Simon Blackford. Antes de que el grupo se vaya, Sach hace una advertencia: “Tengan cuidado en el nuevo Ebon Eaves. Seguro que pasan más cosas”.

Termina. Los investigadores salen.

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