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La torre de la fábrica de hielo

Frozen

El hermano Michaels propone ir cuanto antes a la fábrica de hielo, por si el fenómeno es efímero.

El pueblo está totalmente cubierto por una capa amarillenta de nubes, parecidas a las que vimos en el pantano, y que le da un color enfermizo. Lavinia Marsh informa a Stan Roberts que esas nubes no son exactamente normales en el pueblo. El grupo se mete en el bosque, en el camino que termina en la fábrica de hielo. El edificio los recibe con las puertas abiertas como una gran boca, con un resplandor rojizo al fondo. Al acercarse se oyen compresores rítmicos, escapes de vapor, y huele a amoniaco y a grasa. Son las cuatro de la tarde.

La doctora Nabokob aplaude, y llama la atención de un operario sin camisa, vestido con un pantalón vaquero. Stan le muestra la autorización y entonces el operario acepta enseñar a los investigadores la fábrica. Como sólo pedimos ver la torre, el operario indica por dónde subir, dice que no toquemos nada y se vuelve a su tarea.

El grupo comienza a subir por las ruidosas escaleras metálicas, iluminadas por bombillas de treinta watios que dejan bastante en la oscuridad. Después de subir como unos cinco pisos, se llega hasta una escalera que termina en una plataforma abierta sobre el techo. Ezequiel lanza una exclamación ahogada. Todo el mundo sube, y contempla la ciudad celeste.

Está a la distancia a la que se encuentran los árboles alrededor de la fábrica de hielo. Hay góndolas moviéndose. Una góndola con un gondolero lleva un niño. El Dr. Jameson usa sus prismáticos para mirar al niño: le falta media cara. Le pasa los primáticos al hermano Michaels, que se queda impresionadísmio y muy afectado.

Una góndola se acerca hacia el grupo. En ella van dos seres extraños, con algún adorno en la cabeza que parece algo puntiagudo. Cuando se acercan, lo que llevan es una especie de máscara (esperamos) que parece la cabeza de un ciervo volante. Un vez al lado, Stan Roberts les ofrece el medallón, que ellos recogen, y les invitan a subir a la góndola. Todos lo hacen, salvo el Hermano Michaels, que huye aterrorizado al interior de la fábrica.

La góndola llega a un edificio muy grande. Todo el mundo con el que se cruzan llevan máscaras que simulan cabezas de escarabajos. Las dos figuras bajan de la góndola detrás de los investigadores, y se encuentran como en un lugar con tres plataformas, sobre las cuales hay ventanas esmeriladas. Los dos cicerones dejan la ropa que les cubre, que se queda rígida sobre el suelo, y muestran que son dos humanos, hombre y mujer.

En la primera plataforma hay una maqueta del pueblo moderno, con una manzana encima. La manzana cae y aplasta el pueblo. La segunda plataforma comienza con la misma escena de la maqueta y la manzana, pero esta vez es el pueblo el que se pliega y rodea la manzana. En la tercera plataforma hay una pareja follando, emitiendo un graznido, pero que miran al grupo como si les intentasen transmitir un mensaje. Terminan fundiéndose, convirtiéndose en luz y desapareciendo por la ventana.

Tras intentos fallidos por parte de Cassandra Nabokob y del Dr. Jameson de comunicarse con la pareja, los guías les hacen una señal para que vuelvan a la góndola. Todo el mundo sube, y la góndola se dirige hacia la torre.

De camino se vuelven a cruzar, a lo lejos, con la góndola que lleva al niño: es Jacob Marsh. La doctora se vuelve medio loca. Grita para que se acerque. Sus embarcaciones se cruzan, y Jacob parece musitar algo: “Hablad con mi padre”, o algo así. La doctora Cassandra trata de saltar sobre las nubes para nadar sobre ellas y alcanzar a Jacob, pero, con gran tino, Stan Roberts la agarra antes de que salte. La góndola se aleja. El Dr. Jameson deja caer varias monedas envueltas en papeles.

Llegan hasta la plataforma. El nivel al que se mueven las góndolas es más bajo: la ciudad parece estar bajando. Los dos guías se alejan en la barca cuando el grupo se da cuenta de que falta Ezequiel. El hermano Michaels grita que lo devuelvan, pero ninguno se vuelve.

El Dr. Jameson explica su teoría de que la manzana es esta especie de falsa Venecia. Que las tres plataformas son tres posibilidades: que una ciudad destruya a otra, que una absorba a la otra o que las dos se fundan y, de alguna manera, trasciendan. Además, sus habitantes parecen estar pidiendo ayuda, y que hay un agente, alguien, que está ocasionando todo esto. Son las cinco y pico. El sol está empezando a retirarse, y la ciudad desaparece. Al ritmo al que baja, tardará unos días en estar sobre Ebon Eaves.

El grupo baja de la torre.

(Planes para el próximo día: hablar con el padre de Jacob Marsh. Fingir que se desatan las plagas de Egipto sobre el Lazy Susan, todos subidos en una góndola lanzando ranas )

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